Los dias de verano van cayendo entre música y arena. Julio ha sido intensamente vivido gracias al Jazzaldia y a la buena y culta compañía de Borrón. Desde Matt Harding a Maceo Parker pasando por Benjamin Biolay, The Waifs o (suspiro) Liza Minelli. Una semana llenita de conciertos nocturnos, al aire libre, en el Victoria Eugenia o en el Kursaal. He estado en muchos más de los que cito y no puedo decir que salí empachada de la oferta. Cada uno de ellos tenía su encanto y diversión. Los de la playa me supieron realmente especiales. Serían las Heinekens, o mis primeras vacaciones en mucho, mucho tiempo o que lo que fumaba que sentaba muy bien, el caso es que pasé una semana feliz de la vida. Dando gracias a Miguel Martin (y equipo) en mi interior, por lo genial del Jazzaldia. Nunca, por una u otra razón, había podido ir todos los dias de conciertos jazzeros y esta vez, me parece que mi nombre aparecía en el programa de mano...

Pero, la perla de todos ellos fué Liza Minelli. El año pasado me quedé a una semana de verla en el Conde Duque, en Madrid. Que hubiera sido un lujo, al aire libre, con las cálidas noches madrileñas y no pudo ser. Cuando anunciaron su visita al Kursaal, el precio de las entradas me hizo desilusionarme. 100 euros... Estuve a punto de cometer el capricho, pero mi realidad me ató corto, para mí tristeza.. Rafa y yo nos consolábamos mutuamente la víspera del concierto y nos lamentábamos de nuestra indecisión.
La vida te sorprende en una esquina o en un cajero de la Kutxa a las 5 de la mañana, a 15 horas de que se levante el telón. Y no te lo crees cuando ves que en la entrada que te dan pone LIZA MINELLI. No reaccionaba. Y no por que llevaba 3 conciertos a mi espalda esa noche y estaba casi agotada. ¿Qué hacer cuando la vida te trata bonito después de tanta tempestad? Pues vivirlo hasta la emoción. Hasta el sollozo caliente, cuando Liza salió al escenario y empezó el sueño a girar y girar. En mi vida me había emocionado tanto un cantante. Ni una entrada.. Tanto como para pasarme toda la primera parte llorando, como si me hubiera tocado la lotería. La chica de al lado me prestaba de vez en cuando sus prismáticos y desde las últimas filas del Kursaal pude ver algo de lo que ocurria en el escenario. No sé cuantas veces me juré a mi misma no dejar en manos del destino, espectáculos como el de Liza para poder estar en primera fila. Liza era pura expresión, puro ritmo y puro espectáculo en sí mismo. Broadway en la Zurriola. Solo puedo decir que para mí, fué una actuación brutal. Con Cabaret cerró la primera parte (3 horas con descanso incluido) y para entonces, había agotado mi paquete de Kleenex...