Sábado 14 de julio. Velódromo de Anoeta. 22 h.
Tengo que reconocerlo. A este concierto iba más por el morbo de ver de cerca a Don Ricky Martin, que por su música. Los ritmos latinos no son mi fuerte, la verdad y juro que jamás pisaré una clase de salsa... El estadio no se presentaba demasiado lleno. Y es que últimamente hay demasiada y cara, oferta musical. A los fotógrafos nos situaron detrás de la mesa de sonido, a 40 metros del escenario y lo que parecía un obstáculo para conseguir alguna buena foto, no lo fué. Fué divertido observar al público, durante los 25 minutos de retraso con los que empezó el concierto. Mucha mujer suelta y desatá. Despedidas de soltera y algún que otro musculitos, de los que no se pierden su clase de salsa. Pero mayoritariamente, público femenino, que se notó en los gritos desaforados, y en la barra del bar que estaba vacía...
El espectáculo muy bonito. Imágenes de video de Ricky bajo el agua, en la gran pantalla central y las dos laterales, que eran una maravilla. Y salió el latin lover, con barba alquaeda y mucha pose en el escenario. Pero bien, sin afectación. El suelo redondo del escenario era el símbolo hippie de la paz, y todo el concierto destiló un aura de espiritualidad, que no sé yo si llegó a la peña que le gritaba cada cosa, que a una le subían, a mi edad, los colores...
Habló de la paz interior y del agradecimiento a la vida, del dejarse fluir y no esperar nada. Mensajes en la pantalla de video como "donde haya injusticia, pon perdón" "donde haya tristeza, pon alegría" que parecía que estábamos en un concierto de Egunsentia, si no fuera por los bailes sensuales que ofrecían los bailarines...
El calor bochornoso acompañaba al tropical espectáculo y de allí salimos, con los chismes fluorescentes que regalaba una marca de ron, de recuerdo para los niños y muy buena sensación del artista, como persona y como cantante.
En la foto, se puede ver la extraña situación que ocurre últimamente en los conciertos ...



