Si esto fuera una serigrafía, diría que es una P/A. O lo que es lo mismo, una prueba de autor. Fué una de las muchas vueltas que le dí a esos momentos atrapados con sentimiento, con entusiasmo y mucho de humilde inseguridad. La obra final, la única, llegó en su tiempo a buenas manos, a las que correspondía. A las que confiaron en mi pasión y en mi alegría de vivir aquellas inolvidables horas. Aún tiembla el corazón, viendo las imágenes, recordando aquella calurosa y mágica noche de julio en Bilbao.
Cuantas alegrías me han dado después...
El cartel de los conciertos de Salamanca y Murcia, el blog de Calamaro, el artículo en el Rolling Stone argentino y para rematar, y ya no sé cómo agradecer tanta alegría del destino, Ariel ha incluido la foto del final del concierto en su maravillosa joya Etiqueta Negra, un recopilatorio de sus 30 años en la música. Los sueños no paran, no cesan de convertirse en hermosas realidades.
El concierto en el Rockstar fué la semilla de tanto prodigio y lo demás, la vida que se asoma cuando todo se derrumba a mi alrededor. Todas las fotos, todos los montajes con ellas no han sido sino un salvavidas en mi naufragio personal. Mi pequeño y cálido refugio para los días de honda tristeza...
